lunes, 16 de junio de 2008

Erwin Krüger Urroz, el acuarelista musical

lunes 13 de agosto de 2007

Publicado por Erwin Krüger Maltez (su hijo) el 11 de agosto 2007

Diario La Prensa


Erwin Krüger Urroz fue un pionero en abrir espacio a la música nacional en Nicaragua. En un tiempo en que la música nacional era vista de menos, él vio su belleza, la exaltó y la divulgó como pocos hasta colocarla en el sitio que le correspondía en el corazón de los nicaragüenses.

Con orgullo, llevó nuestra música a la arena internacional, en misiones artísticas a más de 14 países de América, cantando lo mejor de nuestro folclor y de nuestros mejores compositores. Este esfuerzo lo extendió al baile nacional, montando en 1970, junto con Chale Mántica, quien llega a convertirse en su más íntimo amigo, y en la arena de la entonces Feria Ganadera, hoy Centro Comercial Managua, nuestro Primer Gran Festival Folclórico Nicaragüense, con la participación de más de 120 “bailantes” y de nuestros mejores tríos e intérpretes.

Su padre alemán le imprime el carácter y la vocación familiar por la música, y su madre nicaragüense, su alma gemela, poeta y cuentista por mérito propio, de alma delicada, le transfiere también la musicalidad de la familia Urroz, agregándole su fineza poética.

Con nombre extranjero, de ascendencia europea y nicaragüense de nacimiento y de corazón, se transformaba completamente al vestirse de cotona y caites, y con su guitarra, con una profunda alegría en el rostro, cantaba a Nicaragua, cantaba lo de Nicaragua, y cantaba para Nicaragua.

Pero lo más sobresaliente de su obra fue su composición musical que combinaba la música con la poesía, el paisaje con los colores y olores, el ritmo y la candencia con la polifonía de los sonidos.

Pablo Antonio Cuadra alguna vez dijo que había descubierto al canto del movimiento de vanguardia, ya que su música era poesía, y su poesía se convertía en música. En una simbiosis especial, y con un refinamiento y complejidad tal, que un artista europeo me dijo una vez: la belleza y complejidad de la música de tu padre se notan al instante.

Y esa sensibilidad, que no conocía el egoísmo, y en la que predominaba más bien la humildad al referirse a su obra, comparte sus conocimientos y talento con otros artistas, alentándolos e impulsándolos. Haciendo arreglos musicales para ellos. Tino López Guerra, su amigo entrañable, nos contaba que al escuchar por primera vez su arreglo musical de Chinita Corronga, con lágrimas en los ojos le dijo: “Erwin, ya esa canción no es mía, sino tuya; yo hice una china fea pero vos la vestiste de seda”. Fue, con su legendario trío Monimbó, el intérprete principal de Camilo Zapata, y alentó desde un inicio la carrera artística de Carlos Mejía Godoy, entre otros.

Cantó con Otto de la Rocha y muchos otros artistas y compositores la música de Nicaragua. Y al escuchar su música, ver nuestras danzas folclóricas, leer nuestra literatura, nos sentimos orgullosamente nicaragüenses. Más aún, nos proclamamos nicaragüenses, en donde sea que estemos.

Además de su faceta de compositor y arreglista se convierte en un gran recopilador de la música nacional. Fue rescatando verdaderas joyas de nuestro folclor, como Palomita guasiruca, que muchos creen es parte de su obra musical, Los Garrobos, Doña Sapa y tantas más que décadas después se incorporaron al libro Cantares Nicaragüenses, Salvador Cardenal y su Radio Centauro, Carlos Mejía Godoy, Los Bisturices Armónicos, la Brigada de Salvación del Canto Regional Nicaragüense encabezada por Wilmor López, y muchos más lo acompañaron o siguieron sus pasos. Y es así también como este esfuerzo le imprime el carácter campesino a sus propias canciones como El Sabanero, su primer son nica, en donde se destaca el galope del caballo y el paisaje chontaleño.

Su afán por difundir lo nuestro, en la búsqueda de expandir su carrera musical lo lleva al México de finales de los años cuarenta, en donde tiene una actuación distinguida con su legendario Trío Monimbó, en compañía de la voz inigualable de su hermano Carlos, y la guitarra insuperable de Pepe Ramírez, la lejanía y nostalgia de su patria fueron también fuente de inspiración para canciones como Mi Pueblito.

Mi papá encabezó con su trío y una caravana de artistas nacionales, que incluían a la voz incomparable de Magda Doña, la delegación que asistió al primer festival de música latinoamericana, en Manizales, Colombia, que fue seguido por otras giras musicales que lo llevaron a Miami, gira para la cual compuso Como me gusta cuando me miras, inspirándose en el contoneo de una señorita caminado en la antigua Avenida Roosevelt.

Carlos Mántica repite que mi papá fue la persona de mayor éxito que ha conocido en su vida, “…pues simplemente hacía lo que quería y amaba lo que hacía; educó a sus hijos muy por encima del nivel profesional que la vida le permitió alcanzar, y se sentía tan cómodo en el Hotel Crillón, de París, como en el Guayacán Número 2 de Managua. En su presencia se igualaban todos, ricos y pobres, sabios e ignorantes que buscaban ansiosamente su amistad.

Mi padre fue un hombre libre, que amó su Patria y le entregó lo mejor de él, su música. Un día el Señor Jesús tocó a sus puertas en un cursillo de cristiandad y su vida cambió completamente. Desde entonces, sin perder nada de su alegría o de su picardía, se volvió un cristiano a tiempo completo, arrastrando a muchos, entre ellos a toda su familia, a los caminos del Señor.